lunes, 14 de abril de 2014

Sobre el alza de precios en los ruta bus.

Nuevamente subieron los pasajes de los Ruta Bus. 3.200 pesos el ida y vuelta para adultos, 1800 cada uno si se compra arriba del bus. A los escolares se atrevieron a cobrarnos luca, que son sólo 100 pesos extras, dirán algunos, como mi mamá que reaccionó aliviada al saber que el alza no era insolventable.

¿Por qué sube el pasaje? El precio de la bencina, responderá el endeudado estudiante de ingeniería comercial que incluso podría ofrecernos un explicativo gráfico, hablándonos de la oferta, de la demanda, de la producción del crudo y de todas esas mierdas que nos repiten en la tele cuando quieren convencernos de que la cosa así está bien, de que es inevitable que la vida siga subiendo mientras los sueldos siguen tan miserables como siempre. Total, vamos creciendo. ¿No ven que hay pleno empleo? ¿No ven que Chile subió dos lugares en el ranking de los mejores lugares para invertir? No sean tan amargados, dirá el oficinista que con 500 lucas hace malabares para llegar a fin de mes, ese que llega a las 9 de la noche a su casa a ver a oscuras el rostro de su hija, quién no pudo aguantar más y se tuvo que dormir frustrada, sin poder abrazar a su papito. Ambos pagaran tranquilos, con el gusto de sentirse un engranaje más del crecimiento del país, que tanto nos ha costado.

Yo me pregunto, ¿qué hubiera pasado si nos subían 200 pesos? La respuesta es simple: hubiéramos seguido pagando, refunfuñando las primeras semanas en las que tendríamos que habernos preocupado de sacarle al almuerzo la gamba adicional. Después el tiempo pasa y la gente se acostumbra, eso lo saben bien estos conchesumadres. Así vienen 20 años mirándonos las pelotas que sudadas de tanto trabajo acomodamos en sus asientos reclinables que nos duermen la rabia en el camino a casa.

Ruta bus 78 es una empresa que existe desde que tengo uso razón, cuando se rumoreaba que no llegaba el tren porque los turcos se coimeaban a alguien para mantener el monopolio. No me extrañaría. Uno de sus dueños y fundadores son los Massoud, apellido de procedencia árabe que el imaginario popular relaciona certeramente con buenos negocios y grandes fortunas. Unos tienen talento para martillar, otros para mover plata y hacerla crecer, no habría nada de malo en eso. Dios da y Dios quita, el orden divino al final es justo y las cosas pasan por algo.

Pero no seamos tan hueones. ¿Por qué sube el pasaje? Sube porque los Massoud tienen que seguir viajando por el mundo, mandando a sus hijos y nietos a los más exóticos paisajes, para que en las reuniones sociales pueda salir algo de esas cabezas que no tienen dentro de sí más que burbujas de privilegio. Para que la señora Massoud se jacte en la reunión de apoderados del Maitenes sobre las proezas de la Maite que recorrió sola el sudeste asiático, hablando con discreción, pero queriendo que todos se enteren de lo que su hija fue capaz, de lo que ellos son capaces. Suben los pasajes porque el mercedes del año pasado ya no parece tan deslumbrante cuando lo llevan al club de tenis, porque su hijo menor tiene que estudiar alguna carrera mediocre y para eso necesita lo básico: un departamento de 500 lucas de dividendo, un autito para que no sufra el transantiago, otro medio millón para que carretee tranquilo y pueda ir bien jalao a esas fiestas electrónicas que su mamá no entiende qué gracia tienen.  Suben los pasajes porque no basta con las 6 toyotomis que dejaban pasado a parafina (y qué rasca ir a comprar parafina). Es mejor ese sistema de calefacción centralizada que tan bien se veía en la revista vivienda y decoración que la vieja vio el domingo.

Que no se nos olvide de dónde viene el cerro de plata. Es el fruto de años de robo a todos los que se han partido el culo viajando a sus pegas, a todas las familias que se sacan la cresta para que sus hijos puedan ir a estudiar a Santiago. “¿Un robo? … ¿No le estai poniendo mucho?” preguntarán los más timoratos, que viven con contradicción su filiación a la centro derecha y el simpatizar con la baja de precios, demanda tan riesgosamente cercana a lo que ellos imaginan como izquierda. No, no le estoy poniendo nada. Es un robo que además del tiempo perdido en autopistas, tengamos que bancarnos que un par de giles se hagan millonarios sólo por el hecho de poseer unos buses, es un robo porque la empresa no es de choferes ni auxiliares, sino de unos señores de terno que junto al alcalde de turno toman un café en el mall, mientras unos estudiamos y otros trabajan. Los boletos cortados no hacen sino ocultar la realidad; el que nosotros y nuestros hijos tendrán que seguir viajando 2 horas para la pega, mientras que los suyos seguirán también viajando, pero en avión y al lugar que les plazca, cuando les plazca.

Raimundo Echeverría Lara

Melipillano.

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